Limpieza Espiritual PDF Imprimir E-mail

 

Vamos a hablar sobre la vida del cristiano, estableciendo una analogía entre ella y el aseo e higiene de toda persona.

Debemos saber que, en primer lugar, la Palabra de Dios es la que limpia el camino, mente y corazón del hombre:

"Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado". (Juan 15:3).

"¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra". (Salmos 119:9).

Vemos entonces que atendiendo a las Palabras del Señor estamos, estamos lavando nuestro cuerpo, de modo semejante a tomar un baño.

Ahora debemos saber que no solo la palabra nos limpia, sino que también la sangre de nuestro Señor Jesucristo, quién a través de ella, perdonó nuestras iniquidades y pecados:

"¿Cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?" (Hebreos 9:14).

"Pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios, de ahí en adelante esperando hasta que sus enemigos sean puestos por estrado de sus pies; porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados." (Hebreos 10:12-14).

El sacrificio de Nuestro Señor Jesucristo fue perfecto, y ahora, en tiempos de gracia, solo él puede redimir nuestros pecados y darnos acceso a la presencia de Dios.

Con la Palabra y la sangre de Jesús ya nos hallamos limpios delante de Dios, y ahora debemos perfumarnos con el Espíritu Santo para ser agradables frente a Él, y al mismo tiempo, manifestar su grato olor a los demás:

"El ungüento y el perfume alegran el corazón." (Proverbios 27:9ª).

"Mas a Dios gracias, el cual nos lleva siempre en triunfo en Cristo Jesús, y por medio de nosotros manifiesta en todo lugar el olor de su conocimiento." (2ª Corintios 2:14).

Actualmente estamos totalmente limpios y perfumados de las bondades del Señor, solamente nos queda ceñirnos con una vestidura agradable a él:

"En todo tiempo sean blancos tus vestidos, y nunca falte ungüento sobre tu cabeza." (Eclesiastés 9:8).
"Yo le dije: Señor, tú lo sabes. Y él me dijo: Estos son los que han salido de la gran tribulación, y han lavado sus ropas, y las han emblanquecido en la sangre del Cordero." (Apocalipsis 7:14).

A modo de reflexión, te invitamos a que pienses cómo estás en este momento para presentarte delante de Dios. Si no estás bien, por la gracia de nuestro Señor Jesucristo las herramientas para cambiar eso están a tu alcance. ¡Tómalas y renueva tu vida espiritual!

 
 
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