El sello del Espíritu Santo PDF Imprimir E-mail

El mensaje del día de hoy consiste en el aprendizaje y perfeccionamiento de conceptos bíblicos que son de vital importancia en la vida del cristiano, puesto que es parte de ellos en su cotidiano día a día.

Nos centraremos en el estudio de dos versículos ubicados en el libro de Efesios:

En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria.” (Efesios 1:13-14).

Todas las personas que primeramente hemos oído la palabra de verdad, que es el evangelio (buena noticia) de salvación, y que posteriormente hemos creído en él, somos sellados con el Espíritu Santo de la promesa. Pero... ¿Qué es este sello? ¿Qué significa ser sellado?

Para responder a estas dudas, debemos situarnos en un contexto histórico.
El sello en la antigüedad era una marca personal, que untada en esperma de vela, señalaba propiedad al documento que era sellado, sólo las personas importantes tenían un sello, no cualquier individuo podía dejar su “firma personal” en un documento.

El sello otorgaba 3 características a lo que era sellado:
  • Nadie lo podía abrir ni cerrar (sello de Pilatos en la tumba de Jesús).
  • Indicaba posesión y/o propiedad del asunto en cuestión.
  • Señalaba autoridad por parte de la persona que sellaba.

Ahora, volviendo al versículo en cuestión, nos damos cuenta que somos sellados con el Espíritu Santo, y significa que Dios ha puesto su marca personal dentro de nosotros, que pasamos a ser de su propiedad, y que aunque nosotros reneguemos, despreciemos, nos escondamos, o huyamos de Dios, seguiremos llevando su sello, y por lo tanto, continuaremos siendo de su propiedad, lo que no quiere decir que tenemos la salvación asegurada.

Un ejemplo cotidiano de esto sería el caso de un hombre que compra un auto, y que está sellado a nombre suyo, por lo cual, aunque el auto se pierda, sea chocado, y destruido, aún continuará siendo de ese hombre.

Prosiguiendo con el versículo, leemos que el sello del Espíritu Santo es las arras de nuestra herencia. Vuelve a surgir otro concepto. ¿Qué es arras?

Arras era un dinero que el novio entregaba a la novia en la antigüedad como garantía del matrimonio. Es algo así como el anillo de compromiso, por lo tanto no es un contrato cerrado, sino que una garantía.
Con este concepto aclarado, podemos ahora dilucidar que el sello del Espíritu Santo es la garantía de nuestra herencia en los cielos, pero no es el contrato definitivo. Somos sellados por Dios, pero de nosotros cumplirá el cumplimiento de tal garantía.

Es por el sello del Espíritu Santo que el cristiano descarriado de las sendas de Dios, siente en su interior un deseo de clamar al Altísimo, de arrepentirse por sus pecados y retornar a los poderosos brazos del Señor. Tal como le pasó al hijo pródigo.

¡Guárdate del mal! ¡Santifícate para Cristo! ¡Obedece a su voluntad! De este modo la garantía que Dios nos dio, será cobrada un día allá en los cielos.
 
 
 
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